lunes, 28 de enero de 2013

One Dream, Mi Diaro, Mi Vida. ~ Capitulo 1ª

Tu madre entra en tu habitación y te abre las cortinas, te deja una caja muy plana en la cama y se va sin hacer ruido. La abres, es un diario antiguo de color rosa. Lees la nota, el diario te lo ha regalado tu abuelo. Un regalo anticipado de navidad, seguramente se lo ha dejado a tu madre antes de que subiera al cielo con los demás ángeles. Te animas, sonríes y empiezas a escribir.

Soy _____, y supongo que lo seguiré siendo hasta que mi vida quede reducida en polvo y el olvido haya tomado cuenta de mi existencia. Los libros y la música son lo principal para mí. Puedo decir que mil de canciones, mil de cantantes, miles de libros y miles de escritores han sido mi mano en momentos difíciles. Cantantes que no se pueden olvidar o borrar de este diario: One Direction, Demi Lovato, Ariana Grande, Ed Sheeran, 5 Seconds of Summer, The Vamps y Little Mix. Escritores: John Green.

Tu móvil empieza a sonar, dejas de escribir y lo contestas,
- ¿Sí?
- Tía, ¿me das los deberes?
-Venga ya, ¿otra vez? ¿Por qué nunca los apuntas? ¿POR QUÉ?
-Pues porque obviamente la agenda sirve para dibujar y pintar, no para apuntar los deberes.
-Agh. La página entera del libro de Mates. Página 98.
-Gracias -miras el reloj y ves que ya ha pasado la hora de tu entrenamiento.

Cuelgas en móvil, te cambias rápido, miras bien para ver si llevas todo en tu mochila y bajas corriendo las escaleras.

-¡ADIÓS MAMA! -tu madre suspira.
-Adiós.

Entras corriendo en el salón y te pones en la barra. Cuando te colocas, tu profesora de ballet se te acerca. Intentas respirar con normalidad y intentas seguir los movimientos de las demás chicas.

-¿Otra vez tarde? Que sepas. ______, que si no te tomas esto en serio, tu beca será dada a otra chica que se la merezca. Tienes un talento que parece que no aprovechas.

No contestas. Bajas la mirada y sigues haciendo los movimientos con las caderas y pies.

Cuando acaba tu hora de entrenar, sales con las demás chicas y vas al vestuario. Normalmente no hablas con ninguna de ellas, todas son superficiales, como hechas de plástico. Te quitas las zapatillas y sin hacer caso a las heridas de tus pies, te pones los calcetines rápidamente. Te cambias rápido y coges tu sudadera. Antes de irte, te pones los cascos.

Fuera, no hace demasiado frío, pero si sueltas aire por la boca, puedes formar humo. Andas distraída, sin prestar atención al mundo, con un par de cascos todo está bien. En un abrir y cerrar de ojos te caes al suelo. Esto esto se debe a que te has chocado con un chico que lleva la capucha de la sudadera muy calada. Ves como se levanta y te ofrece la mano para ayudarte. Le miras fijamente. Le conoces, le conoces muy bien. Mantienes la calma y sonríes.

-¿Estás bien? -se sonroja mucho, o la mejor poco, pero como es muy blanco se le nota mucho.
-Sí, ¿y tú?
-También -baja la mirada, sonríes.
-Bueno, me voy -te giras y empiezas a andar. Te coge de la muñeca.
-¿No me conoces? -le miras y te ríes.
-Niall James Horan Gallagher -sonríe.
-¿No te vas a poner a gritar, llorar, secuestrarme o pedirme un autógrafo?
-Si quieres lo hago... -se empieza a reír.
-¿No eres Directioner? -empiezas a sonreír.
-Lo soy. Pero no soy de esas Directioners que gritan, lloran, secuestran o piden autógrafos. Me gusta guardar los recuerdos en mi memoria. Sé todo sobre ti. Me gustaría saber mucho más, tenerte en mis brazos, ser tu novia, pero... Ya asimilé que eso no pasaría -sonríe,
-Pues estás equivocada, así que no lo asimiles. Dame tu número, si me haces ese favor, claro...

Cuando llegas a casa te tumbas en tu cama y te pones pensativa. Te acabas durmiendo. Por la mañana te duchas, te vistes y te vas al instituto. En el recreo te sientas en un banco y te pones a escribir en tu diario.

Hecho importante de ayer: conocí a Niall James Horan Gallagher. Nunca pensé que llegaría ese momento, y nunca pensé que actuaría de esa manera. Estuve tranquila. Como si ese momento hubiera pasado millones de veces. Ha pasado millones de veces en mis sueños, pero normalmente yo estaba descontrolada y desesperada. Ayer simplemente me limité a decirle unas cosas. A no hacer nada más. Oh Dios mío, casi me voy sin decirle nada más. Y me pidió el número. Me pidió que nunca asimilara que no podía conocer a mis ídolos.

Suena el timbre del recreo y no puedes seguir escribiendo.




(Espero que os guste).


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